
Históricamente los seres humanos nos hemos reunido alrededor de los alimentos debido que antes de que existieran los refrigeradores y comida en abundancia en los supermercados, era muy difícil tener alimentación de forma cotidiana. La caza en grupo proporcionaba fuentes ricas en proteína indispensables para la sobrevivencia de nuestra especie además de pieles para el abrigo y herramientas hechas de huesos de animales. La comunidad se reunía alrededor de la presa en espera de un poco de alimento para poder sobrevivir y era la comunidad también la que recolectaba plantas y semillas que ayudaban a paliar el hambre cuando escaseaba la caza. La comida es y ha sido históricamente motivo de reunión, convivencia y una larga serie de problemas a los que no haré referencia en este texto porque nos vamos a centrar en el problema más grande de nuestra época: el consumo de azúcar.
Hemos pasado de la escasez, al exceso. A diferencia del pasado, los humanos hoy tienen abundancia de alimentos de toda clase durante todo el año y, aunque muchas personas están haciendo todo lo posible por cuidar su alimentación y comer menos en una época de exceso de alimento—al menos en las grandes ciudades—también es cierto que en la actualidad las celebraciones están irremediablemente vinculadas al consumo de azúcar. Incluso si dejamos de lado el contexto socioeconómico o demográfico, nos damos cuenta de que las celebraciones en nuestro país se llevan a cabo con una invitación ingente a consumir azúcar y carbohidratos en todas sus presentaciones ¿y qué tiene esto de malo? Te preguntarás. Pues bien, te paso algunos datos que me parecen no solo relevantes, sino sumamente peligrosos:
- El consumo de azúcar libera dopamina en el cerebro en un lugar llamado, núcleo accumbens que es, por desgracia la misma zona se activa con el consumo de drogas. Si el consumo es crónico, no sólo se pierde el control sobre la ingesta, sino que aumenta la tolerancia, lo que lleva a las personas a consumir cada vez más azúcar (si, igual que con las drogas) para llegar al mismo nivel de bienestar que produce dopamina en el cerebro.
- Las dietas ricas en carbohidratos (azúcar), afectan negativamente al hipocampo que es el lugar en el que se desarrollan la memoria y el lenguaje. Consumir mucha azúcar dificulta la creación de nuevas sinapsis neuronales, es decir al aprendizaje, además de estar relacionada con la demencia y la depresión.
- No obstante que el cerebro es un gran consumidor de glucosa, el exceso en su ingesta produce neuro inflamación. Es decir que el azúcar daña el tejido conectivo del cerebro provocando gran variedad de problemas neurodegenerativos.
Resulta extraño, por decir lo menos, que las celebraciones estén tan vinculadas al consumo de azúcar si hace tanto daño, pero si lo pensamos desde la perspectiva económica de las grandes empresas, tal vez todo tenga más sentido. No es casualidad que haya venta de chocolates de todos tipos, tamaños, colores, mezclas y sabores para el terrible “día del amor”. Los pasteles, el alcohol, las mesas de dulces y los postres que engalanan las mesas en las fiestas son muy apreciadas por los comensales que no paran de engullir todo lo posible para después terminar con malestares estomacales y sentimientos de culpa; sim embargo, han engordado también las billeteras de dichas empresas
No es raro encontrar que las personas sientan culpa después de comer como si no hubiera mañana. Es un sentimiento que ocurre por la baja de endorfinas; se puede convertir en depresión y se quita consumiendo nuevamente carbohidratos que producen alegría momentánea seguida de tristeza y culpa por haber vuelto a comer carbohidratos en una espiral permanente que va deteriorando la salud de las personas ad infinitum.
Ya que hace tanto daño a nuestro cerebro y afecta nuestras emociones, tal vez valdría la pena encontrar otro tipo de alimentos para reunirnos a celebrar el amor, la vida o lo que sea sin que nuestro cuerpo—no sólo el cerebro—sufran tanto y, si de plano, no es posible evitar el azúcar en las celebraciones, al menos consumirla mucho menos en lo cotidiano, después de todo, “Una golondrina, no hace verano”. Dicen por ahí.
Referencias:
- Sobre la adicción y dopamina: Avena, N. M., Rada, P., & Hoebel, B. G. (2008). Evidence for sugar addiction: Behavioral and neurochemical effects of intermittent, excessive sugar intake. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 32(1), 20-39. https://doi.org/10.1016/j.neubiorev.2007.04.019
- Sobre la neuroinflamación: Beilharz, J. E., Maniam, J., & Morris, M. J. (2015). Diet-induced cognitive deficits: The role of fat and sugar, potential mechanisms and nutritional interventions. Nutrients, 7(8), 6719-6738. https://doi.org/10.3390/nu7085307
Por: Verónica Corona / Psicoterapeuta con perspectiva de género.
Febrero 15, 2016


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