L is for the way you look at me

O is for the only one I see

V is very, very extraordinary

E is even more than anyone thay you adore can

El año transcurre a pasos agigantados, parece que fue ayer cuando estábamos comiendo uvas mientras pensábamos en deseos y brindábamos al mismo tiempo.

Hoy, mientras recorro el camino habitual rumbo al centro de servicios más cercano el panorama me regala una bella postal en colores rojo y blanco a propósito de la celebración por el Día de San Valentín, la cual genera grandes dividendos a la industria: regalos, peluches, chocolates, flores, cine, sexo, gastronomía o moda por mencionar algunos y entonces, llega la reflexión: ¿Qué sentido tiene una celebración convertida en mercadotecnia en tiempos de IA, apps, algoritmos y delivery?

San Valentín es simbólicamente representado por corazones y cupidos. Cupido es el dios del amor y el deseo amoroso en la mitología romana, su equivalente en la mitología griego es Eros. De su origen religioso, pasando por la mitología, llegamos a la literatura e inevitablemente a llamar a tiempo presente a Shakespeare en el “Sueño de una noche de verano”: El amor no ve con los ojos, sino con el alma, y por eso pintan ciego al alado Cupido. Ni en la mente de Amor se ha registrado señal alguna de discernimiento. Alas sin ojos son emblema de imprudente premura, y a causa de ello se dice que el amor es un niño, porque en la elección yerra frecuentemente. Así como se ve a los niños traviesos infringir en los juegos sus juramentos, así el rapaz Amor es perjuro en todas partes.

Camino algunas calles con el fin de completar los pendientes de la mañana, los globos y las flores siguen apareciendo por todas partes, pienso en que un niño alado con los ojos vendados y armado con un arco y flechas carece de valor en la actualidad y que ha sido graciosamente sustituido por otros símbolos sacados del mundo de la ficción, pero en esencia, “el amor flota en el aire” y hoy, más que nunca, se hace necesario un nuevo significado y significante.

Volviendo a los griegos y su acepción del amor, encontramos que tenían cinco términos diferentes para referirse al amor:

Eros – el amor romántico, que ha inspirado grandes expresiones artísticas en la música, la literatura, el cine o las artes plásticas.

Philia / Pragma – el amor fraternal, en términos actuales, se identifica como amistad y para Aristóteles era una de las virtudes directamente relacionada con la ética, de ella, se deriva pragma como la forma de asociación para beneficio mutuo construyendo así, vínculos virtuosos que permiten desarrollar los valores morales. La sororidad entra en esta categoría al ser una forma de amistad entre mujeres, que permite el desarrollo de todas las involucradas.

Ágape – el amor universal, altruista centrado en el bienestar de los demás. Por definición, se refiere también al banquete, en donde se comparte la comida fraternalmente como parte de un suceso relevante.

Storge – amor familiar, se trata de una conexión emocional natural de padres a hijos y entre hermanos.

Philautía – el amor propio, Aristóteles se refirió a él como la búsqueda de la virtud personal y Platón lo entendía como el medio para el crecimiento personal y moral sin confundirse con el egoísmo. Shakespeare escribió: “Nosotros estamos hechos de la misma materia que los sueños.”

La IA no tiene emociones; por lo tanto, no puede expresarlas. En un mundo inmerso en la tecnología, estamos hiper conectados a través de nuestros dispositivos electrónicos y de forma paradójica, cada vez más desconectados de los seres más cercanos a nosotros: familia, amigos, compañeros, vecinos.

Revolucionar es lograr un cambio profundo que no necesita ser violento, frente a la IA, una fecha marcada en el calendario como festiva no significa consumismo irracional, sino una oportunidad transformadora desde el amor y aprovechar este boomerang de expresiones cursis pintadas de rosa para revisar cómo estamos con nuestros vínculos, si los cuidamos, si los acompañamos, si compartimos con ellos, si somos mejores personas, si albergamos y cultivamos el amor propio para tener la capacidad de brindarlo a los demás. Sólo a través de vínculos virtuosos es que seremos capaces de lograr el cambio que queremos y necesitamos ver en el mundo, el amor no se reduce a Eros, es también Philia, Ágape, Storge y Philautía.

¡Feliz San Valentín!

Somos Nantli: Narrar, Visibilizar, Transformar.

Por: Elizabeth Cruz – Comunicóloga, Escritora y Editora de “Patolli”

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