
Hace unos días, una persona me contaba cómo resolvió un problema con su hija haciendo preguntas a Chat GPT. Las respuestas le parecieron muy atinadas y aplicó lo que la Inteligencia Artificial le dijo sobre la situación que estaba atravesando. Me dijo, con un poco de pena, que mi trabajo como psicoterapeuta tenía los días contados debido a que las respuestas de la IA son gratuitas e instantáneas a diferencia de las citas con un psicólogo para las que hay que hacer cita y son costosas. Esta persona me miraba con un poco de lástima mientras me explicaba, con cierta condescendencia, otras posibilidades laborales en mi área de experiencia como la docencia que, por cierto, también considera que está contra reloj por la misma razón que la psicoterapia. Me quedé pensando en esta plática y en este pequeño artículo quiero exponer mis respuestas en esa interesante conversación.
- La IA está programada por personas y esas personas tienen un tipo de pensamiento que está delimitado por sesgos políticos y las demandas del mercado. Sí, hablo de economía, mercadotecnia, política y pensamiento de derecha. Las respuestas están determinadas por la ética de sus programadores (mayormente hombres). Las respuestas de la IA no están libres de manipulación mediática ni de criterios supremacistas mal disimulados.
- La inmediatez de las respuestas anula la capacidad de análisis personal, la tolerancia a la frustración, la espera fértil y la gestión de la autonomía. Si las personas no tienen la necesidad de pensar por sí mismas están renunciando a su humanidad y se transforman en autómatas obedientes de los algoritmos sin voluntad ni capacidad de crítica o disenso.
- La IA está programada para dar respuestas que vayan de acuerdo con tu pensamiento porque siguen todas tus reacciones en redes sociales y conocen tu forma de pensar, de hecho, influyen en tus decisiones cotidianas. Por consiguiente, te van a dar respuestas que vayan de acuerdo con tu perfil psicológico y siempre sentirás que tienes la razón.
- El trabajo en psicoterapia es confrontativo e incómodo debido a que esa incomodidad genera la autocrítica tan necesaria para hacer mejoras personales, crear empatía, cuestionar estereotipos y roles que pueden estar dañando tus vínculos. La psicoterapia es, por naturaleza, incómoda, pone a prueba nuestras certezas y nos saca del lugar seguro donde tenemos la razón para generar cambios elegidos que nos den mejor autoestima y mejore nuestros lazos con las personas que nos rodean.
- Por otro lado, es importante recordar que todas las funciones que la IA lleva a cabo por nosotras provocan una poda neuronal en nuestro cerebro, anulando capacidades mentales por falta de uso. Así, a mayor uso de la IA, mayor dependencia de la misma y menor capacidad mental y autonomía.
Sería de gran ayuda regresar a los ejercicios matemáticos mentales para hacer sumas simples en el mercado, a la memorización de lo números de teléfono de nuestros seres amados, a la desorientación y reencuentro del camino cuando no usamos las Apps de mapas para llegar a algún lugar, a la investigación en libros en lugar de preguntarle a Google las respuestas a cada duda y, por supuesto reivindicar el gran valor que hay en el error que nos hace humanas y que genera análisis de las situaciones, correcciones en el desempeño y aprendizajes en las diversas áreas de la vida.
No se trata sólo de la psicoterapia, se trata de no volvernos zombis, extensiones de los aparatos electrónicos que ya dominan gran parte de nuestra existencia y nos llenan de basura voluntariamente porque nos hemos vuelto las principales proveedoras de información sobre nuestros gustos, miedos, aspiraciones y vida al usar las redes sociales y dar likes, hacer comentarios y detenernos sobre las noticias o chismes que nos parecen interesantes.
Las respuestas genéricas sobre los conflictos personales que nos da la IA, son la puerta de entrada a la uniformidad autómata de un ciborg que nos va quitando personalidad y características únicas que nos distinguen y nos hacen PERSONAS. Hemos llegado a un punto en el que las siguientes generaciones pueden perder paulatinamente las cualidades humanas de la unicidad y la diferenciación como consecuencia de la comodidad de aceptar si duda respuestas genéricas y sesgadas de un algoritmo que nos moldea y adoctrina. No somos nosotras las que dominamos al algoritmo, es él quién determina gran parte de nuestros gustos, actividades, descanso y, ahora, por supuesto, afecta nuestros vínculos. La pregunta es ¿seguiremos por ese camino hacia la deshumanización o retomaremos el incómodo camino de la duda, el dolor de no tener la razón y la humildad de saber que nos equivocamos y que lo importante siempre será el apoyo y cuidado mutuo entre personas?
Surgen muchas preguntas que deben ser analizadas antes de seguir usando indiscriminadamente la IA, tanto en lo irrelevante como en lo trascendente, porque podemos llegar a un punto sin retorno, en el que nuestra humanidad se haya desdibujado tanto, que se vuelva imposible distinguir dónde empieza el humano y dónde termina el ciborg.
Por: Verónica Corona
Psicoterapeuta, tanatóloga y sexóloga con perspectiva de género.


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