Las pequeñas cosas: contabilidad, narrar y maternar

“Si la mujer puede subir al cadalso, también se le debería reconocer el derecho de poder subir a la Tribuna”. – Olympe de Gouges
La vida nos lleva por caminos insospechados cuyas experiencias no podemos adivinar sin antes aventurarnos a vivir y conocer lo que se nos presenta.
En el 2007 y después de una pausa profesional, a través de una empresa de outsourcing (de esas que dicen que ya no existen) fui contratada para trabajar en el Colegio de Contadores Públicos de México. La oportunidad laboral en aquel entonces, significaba un retroceso en mi trayectoria profesional; sin embargo, garantizaba el ingreso y me otorgaba estabilidad financiera así que decidí aceptar. El trayecto era largo, la sede se ubica en el límite entre Bosques de Chapultepec y Santa Fe. Muchos matarían por emplearse en dicha zona desconociendo el caos vial que implica moverse en auto por ahí y mucho más, en transporte público; sin contar con el clima extremo porque allá no llueve, diluvia y las calles se vuelven ríos. En ese edén residencial y con panorama de primer mundo permanecí cinco años durante los cuales alcancé una de las gerencias, la más divertida de todas: banquetes y servicios internos.
De los periplos de entonces les contaré en otra entrega, hoy escribo respecto al cambio de nombre a una organización que, desde mi experiencia durante los cinco años de mi estancia laboral fue en absoluto masculina, si bien ya existía una comunidad de mujeres profesionistas en la contaduría y colaboradoras en la estructura de nómina, el eje rector lo ostentaban los hombres desde su fundación y lo llamaron “colegio”. Sus salas llevan el nombre y apellido de los pioneros en la contaduría pública y socios fundadores de las principales firmas contables: Mancera, Diez Barroso, Chévez, Lores, Alatriste, Resa y sólo una tiene el nombre de una mujer: Refugio Román Almonte, “bisnieta de José María Morelos y Pavón. El 23 de octubre de 1924 presentó su examen profesional para obtener el título de Contadora de Comercio, convirtiéndose en la quinta mujer egresada de la Escuela Superior de Comercio y Administración. En 1929 revalida su título como Contador Público ante la UNAM Universidad Nacional Autónoma de México, siendo la primera mujer en obtenerlo. Refugio Román fue una de las 7 mujeres que el 20 de junio de 1949 iniciaron el Colegio de Contadores Públicos de México”. (Fuente: página oficial en Facebook del CCPM)
Como anécdota personal, en 2012 cuando Agustín Carstens entregó a José Besil, entonces presidente del colegio, evidencias de labor de Fernando Diez, yo estuve ahí como parte del comité organizador del evento y acompañé al señor Carstens por el elevador desde el estacionamiento hasta la recepción en el lobby principal.
No podía saberse que, el feminismo ocuparía puestos de poder y entraría de lleno a modificar estructuras anquilosadas como lo era la comunidad contable y el pasado mes de septiembre, a través de un comunicado de prensa, el colegio anunció el cambio a una nueva denominación: Colegio de la Contaduría Pública de México, “con el objetivo de renovar, fortalecer su identidad y proyectar hacia las nuevas generaciones una institución más cercana, incluyente y referente de la contaduría pública”.
Ya en el bienio 2016-2018, la C.P.C. y P.C.CA. Rosa María Cruz Lesbros ocupó la presidencia del colegio, siendo la primera mujer contadora en ocupar el cargo. Al final de su gestión declaró: “Después de dos años en la presidencia de este gran Colegio, reitero la gran importancia que tiene la profesión contable en nuestra sociedad. Somos una profesión que está para servir y que puede, más que ninguna otra, coadyuvar por lograr un manejo honesto y transparente de los recursos, tanto públicos como privados. La labor que todos realizamos tiene sentido en la medida que la membrecía ve a este Colegio como una institución que les representa, que les apoya en su profesionalización permanente y que posiciona al gremio contable consciente de establecer un enfoque incluyente, sensible al género y a los derechos humanos”. (Fuente: sitio principal del CCPM)
En el comunicado también se lee: “Este cambio permite, al Colegio de la Contaduría Pública de México, alinearse con las tendencias actuales de diversidad, equidad e inclusión, fortalecer la identidad institucional y proyectarse como un Colegio actual, propositivo y comprometido con la evolución de la profesión contable en México”. En palabras de su actual presidenta, Rosalía Ortega López: “las organizaciones que perduran, a través del tiempo tienen algo en común, saben preservar sus principios, pero también saben evolucionar para responder ante los desafíos de un entorno global”.
Así son los caminos que nos llevan por sitios inesperados y al encuentro con personas que dejan una huella en nuestras vidas y todo ello, es materia prima de la autobiografía, un género literario no reconocido por la academia por considerarlo entre lo literario e histórico y más cercano a las memorias, epistolario, biografía, entre otros. Ha sido el recurso expresivo de las mujeres y de los inicios del feminismo como lo hizo Olympe de Gouges, usando numerosos elementos y recuerdos autobiográficos en sus prefacios, novelas y escritos polémicos como lo hizo en su novela “Memorias de la señora de Valmont” (1788) inspirada en su propia vida al llegar a París.
La autobiografía es más que una relación de hechos o un conglomerado de recuerdos e imágenes, se trata de una confesión personal y de un pacto con el lector, es la forma de narrar todo lo vivido y plasmarlo desde el sentir de quien la escribe, es su verdad. No se trata de un hobby sino de una forma de atravesar el duelo, la alegría, el entusiasmo, la adicción, el éxito; es evidencia inequívoca de que, se ha vivido en un contexto, sitio, momento específico y de que, se es protagonista de la historia de la humanidad y de la propia historia. No se trata de lo que alguien más cuenta sino de lo que se dice en primera persona.
¿Se trata de una exaltación del yo más parecida al narcisismo objeto de estudio de la psicología, de ser testigos de la historia o de narrativa?
El tren de las editoriales y las librerías nos marca un ritmo acelerado de producción de libros, medible en ventas, un día la poesía fue rentable y todos surgieron poetas, lo mismo ocurrió con la novela y no olvidemos al cuento que tiene un lugar especial dentro de la literatura. La autobiografía se viste de verdad a veces cruda, a veces pueril, a veces cómica pero siempre honesta, si digo que todos aquí somos sobrevivientes del segundo sismo más intenso en los últimos tiempos de la Ciudad de México me creerán y si digo que somos sobrevivientes de la reciente pandemia por COVID también me lo creerán. Quizá la declaración se parezca a un testimonio de lo que fueron ambos acontecimientos para quienes habitamos la Ciudad de México, el país o el mundo pero si hablo del contexto, del color o de la situación en que me encontraba se convierte en materia prima de una narración que puede derivar en novela, poesía o guión para serie de cualquier plataforma o que se puede quedar en el plano de la autobiografía sin que por ello carezca de valor.
Así entonces, la autobiografía es exaltación del yo en tanto que conjura los miedos, los dolores y comparte las alegrías como en un ejercicio de escritura para un quinto paso o para un proceso de terapia. Es testimonio en tanto que nos habla de un tiempo y espacio específico, aunque un personaje como Ana Karenina siga existiendo en pleno siglo XXI y la humanidad siga en guerra en algún lugar del mundo. Y es narrativa, en tanto que se convierte en el relato que da forma no sólo a la historia personal sino a la historia colectiva porque la maternidad, la paternidad, el amor, el abandono, el duelo, la familia, la vejez, los sobrevivientes han existido y existirán siempre, el cómo es lo que hace la diferencia y le otorga valor intrínseco.
La contabilidad y la narración no se descartan, la primera da cuenta de las actividades financieras, reduce la existencia humana al deber y el haber; la segunda, es fiel testimonio de lo vivido y enaltece la existencia humana por sus legados. Ambas, se intersectan en el acto de maternar.
Cuando una madre administra el ingreso familiar y lo divide en la despensa, la alimentación, la renta y los servicios del hogar, la vestimenta y si algo queda, en la diversión. Se aprieta los dedos cuando el ingreso no da para más y la enfermedad se instala en la familia. Eso es maternar en la actualidad: administrar, cuidar, trabajar, cocinar, limpiar, gestionar, acompañar, aconsejar y un largo etcétera que hasta hace poco permaneció en lo oculto, casi invisible y gracias a la narración en primera persona, la autobiografía, ahora se visibiliza.
¿Quién ha garantizado la blancura de las batas blancas del personal médico? ¿Quién ha planchado los cuellos de las camisas impecables de los ejecutivos? Quizá no la madre en primera persona, pero con seguridad, la empleada de la familia que es madre. ¿Quién limpia las salas de los cines? Tal vez no nuestra mamá, pero con seguridad, una mujer que sostiene a su familia trabajando como personal de limpieza en el corporativo de cine.
Julieta Fierro, astrónoma dijo algo así como “no crean que hice ciencia después de lavar los platos sucios de mi casa” y tuvo razón. La maternidad no logra conciliarse todavía con el entorno laboral y sin embargo, es posible aunque, estemos de por vida en deuda con todas las madres que sostuvieron el hogar y las labores domésticas para el desarrollo de quienes hoy ocupan puestos de liderazgo en todos los ámbitos y por todos los rincones del mundo.
De esta forma, nos damos cuenta de que, la contabilidad, la autobiografía y el acto de maternar están atravesadas por un mismo hilo: el feminismo
Somos Nantli: Narrar, Visibilizar, Transformar.
Por: Elizabeth Cruz – Comunicóloga, Escritora y Editora de “Patolli”
Octubre 6, 2026


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