Las pequeñas cosas: domingo

“Hay mucha gente que piensa que el domingo es una esponja que limpia los pecados de toda la semana.” – Henry Ward Beecher / Religioso estadounidense

 

El domingo es un día sagrado. No importa la religión que se profese o las creencias que se tengan, por siglos, el domingo ha sido considerado el “día de guardar” aunque la mercadotecnia y la industria comercial digan lo contrario en un mundo cada vez más práctico y menos moral.

Un día domingo murió Coco Chanel en 1971. El séptimo día descansó Dios de su obra de creación. “Mañana domingo se casa Benito con un pajarito” dice la copla infantil.

Odié el día domingo porque durante muchas décadas fue el día de abandonar el hogar materno para ir a casa de mis tíos hasta que decidí romper el estigma y me obligué a salir con Alonso con pretexto de una actividad lúdica para él.

La muerte nos arrebató a mi tío Jorge un día domingo, lo esperábamos para almorzar y nunca llegó o quizá sí lo hizo y no lo sabemos todavía.

Hoy es domingo y se siente distinto. Es el día de Santa Rosa de Lima. Me despertó el ruido de los cohetes de alguna peregrinación cercana, el reloj marcaba las siete menos quince de la mañana. Es el día previo del regreso a clases y del ingreso a nivel secundaria de mi chilpayate.

Me atraviesa una sensación de incertidumbre, emoción y satisfacción cuando veo y escucho su sonrisa, la chispa en sus ojos y el entusiasmo que le provoca aprender, explorar, experimentar. ¡Mi niño creció!

Han pasado doce años desde que lo vi en mis brazos al nacer ¿en qué momento? El tiempo vuela, transcurre en un tris. “La vida se hace siempre de momentos” dice la vieja canción y ¡Ha habido tantos en esta primera década!

La maternidad no es dulce ni un nicho de rosas; sin embargo, tiene una magia secreta que sólo las almas valientes se atreven a descubrir, sentir y honrar. Va más allá de lo terrenal, de lo concreto, de la razón y de lo escrito en los libros de ciencia. Es un acto de resistencia y valentía. Ser madre revela a la mujer desde la entraña, como lo revela el ser científica, poeta, empresaria, académica o política porque desde el amor a lo que se gesta y se crea surge la garra que nos convierte en mujeres defensoras de nuestras causas y maternar nos convierte en defensoras de la vida.

Las mujeres somos inevitablemente hijas por principio, nuestras madres también lo fueron de nuestras abuelas y así en una línea sucesiva de historias marcadas por el dolor, la frustración, la injusticia y retos inimaginables para convertirnos en las heroínas de nuestro viaje.

Escucharle decir “mamá” a una personita inocente es un acto de fe, es una palabra que esconde una fuerza brutal que empodera, quizá por eso todo apunta a negar, evitar y condenar la maternidad convirtiéndola en un atentado para las mujeres. ¡Pamplinas!

Desde esa fuerza brotan el valor y los actos creativos; como mujer, te inventas y te reinventas cada día a pesar de las circunstancias y eso te coloca más allá del bien y del mal, te libera, aunque el sistema se empeñe en empujarnos hacia un lugar de violencia, enojo, resentimiento y victimismo para controlarnos, para dirigir nuestro poder al logro de sus propios intereses.

“No te enojes” nos dicen cuando la furia atenta a sus objetivos y pone en evidencia la inutilidad de sus leyes y de sus actos, porque el enojo se coloca por encima de su entendimiento y siempre será más cómodo mantenernos al margen, inventar excusas, justificar sus faltas. Eso hace el sistema con las madres y las mujeres que, se atreven a levantar la voz, a cuestionar, a ocupar su lugar y a defender sus causas.

Sin las madres, el mundo no sería lo que es a pesar de mantenernos en la penumbra para usarnos como imagen en sus ofertas de consumismo irracional cada año en la fecha que utiliza el vocablo “ma-má” con una intención adornada por cifras indecentes de muchos ceros. Nos sentimos vistas, celebradas y honradas y no somos más que el rostro perfecto de sus maquiavélicos planes comerciales lo que, es más, les aplaudimos. Somos el verdugo y la víctima.

Se puede ser la reina sin necesidad de hacer ruido, de brillar y llevar una corona. La corona pesa, lastima y paraliza. Existe la corona de espinas. La de oro es símbolo de imperialismo. La floral se relaciona con la victoria y la paz.

El día domingo es un buen momento para coronar la fuerza, el poder y la victoria que representa ver a tu hijo dormir plácidamente en su cama el día antes de iniciar un nuevo ciclo sin importar las batallas que has librado porque eso te convierte en la reina de tu universo.

¡Mañana es el gran día!

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Por: Elizabeth Cruz – Comunicóloga, Escritora y Editora de “Patolli”

Agosto 30, 2026

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