Ya viene el 14 de febrero, esa fecha tan comercializada como lo son todas en nuestro capitalismo depredador de cada día. Hace ya mucho tiempo que me pregunto cómo llegamos hasta este punto en el que toda celebración se resume en un consumo desmedido y en muestras de amor tasadas en el valor de los regalos. No es vana la pregunta y mucho menos el impacto monetario a la economía cada año: navidades, cumpleaños, días del amor, aniversarios, día de las madres y de los padres; ahora de los abuelos y, como no podía ser de otra manera: día del niño y la niña, de los reyes magos (que casi siempre son reinas en México), más los que se acumulen por profesiones, por género y por lo que se nos ocurra o podamos imaginar.

El día en cuestión, San Valentín con el que comencé esta diatriba me importa demasiado desde hace unos años en que mi compromiso feminista me ha llevado a revisar los vínculos amorosos y los peligros que estos representan para las mujeres. Entonces, los vínculos erótico-afectivos ya son un tema que deberíamos revisar desde la raíz; sin embargo, no solo no nos atrevemos a entrarle de lleno a la investigación y deconstrucción de las formas en que nos metemos en relaciones, sino que, además, vamos por ahí en días como el 14 de febrero comprando toda clase de cosas que afectarán nuestra economía y en no pocas ocasiones acaban en la basura o engrosando las filas de ropa que nunca más usaremos.

Los datos estadísticos son claros y nos dicen que el 14 de febrero se ha convertido en un “gran motor de la economía” formal e informal, pero lo que evitan mencionar es el impacto en nuestro bolsillo una vez que llega el estado de cuenta o nos tenemos que apretar el cinturón hasta fin de mes.

Las mujeres hemos ingresado al mercado de trabajo desde hace varios años, pero sigue afectando nuestro ingreso la brecha salarial por la que los hombres ganan más por el mismo trabajo que realizamos las mujeres. En paralelo, ellos siguen sin involucrarse en las tareas del hogar ni las de cuidado. Ahora también gastamos más en los regalos de ellos, no son pocas las mujeres que les regalan tarjetas para sus videojuegos a sus parejas niños/hombres que no cooperan en la limpieza de la casa, el cuidado de las infancias o incluso de las mascotas.

Varias cosas saltan de este pequeño análisis:

  • Es importante pensar en la celebración a partir de la evaluación de nuestra situación económica. Las mujeres hemos sido educadas para no pensar en términos económicos porque “no debemos ser interesadas ni materialistas”, pero el mundo gira a partir del dinero y tenerlo constituye la única posibilidad de independencia para las personas, especialmente de las mujeres, educadas en la dependencia.
  • No es menor la conquista de nuestro cuerpo, el conocimiento del derecho al placer, al deseo y su medida a solas o acompañadas es un enorme logro del movimiento feminista que nos devolvió lo primero que nos fue expropiado: el cuerpo. Podemos vivir el 14 de febrero con mucho placer ¿Cómo te suena tener una cita contigo? Si eres capaz de imaginar una noche romántica de ti contigo, probablemente estás en camino de una hermosa celebración que no requiere consumo ni pagos a meses sin intereses.
  • Tampoco se trata de regalar sexo para corresponder por las atenciones que alguien pueda tener contigo. Si algo debemos cuidar es nuestra integridad en todos los sentidos. Te recomiendo pensar si la persona con la que sales o tienes un vínculo te gusta y si sientes deseo sexual por ella. Respira, siéntelo y, si llegas a la conclusión de que no lo sientes, simplemente no lo tengas. Lo peor que te puede pasar es tener una relación íntima con alguien que no te erotiza y acabar sintiéndote muy mal.
  • Recuerda que el amor para toda la vida si existe, se llama autoestima y hay que trabajarla siempre. Comencemos a pasar tiempo a solas para poder disfrutar la compañía y a querer bonito en cualquier día del año. Las celebraciones comercializadas nos hacen tasar el afecto en términos materiales que no son más importantes que los vínculos solidarios cuando todo está por derrumbarse.

En un mundo que a las mujeres nos dice que lo más importante son los sentimientos, es urgente comenzar a hablar de dinero. Piensa cuanto tiempo perdemos en conversaciones con amigas hablando de amor e imagina cuánto dinero ganaríamos si comenzamos a hablar de dinero y negocios. Tal vez esa sería una gran revolución cognitiva y de autocuidado: comenzar a ser más práctica y darle menos importancia al odioso San Valentín.

Por: Verónica Corona / Psicoterapeuta con perspectiva de género.

© Copyright - Nantli