
“El sol es nuevo cada día.” – Heráclito de Efeso
El reloj está a punto de marcar las doce horas en punto, la emoción en la víspera de año nuevo provoca risas, alegría y una imperiosa necesidad de pensar en propósitos al unísono de comer una uva por cada campana que suena en… En el imaginario colectivo porque la tradición de escuchar el sonido de doce campanadas antes de la medianoche para finalmente gritar: ¡Feliz Año Nuevo! Es cosa del pasado.
Me traslado en metro hasta el centro histórico de la ciudad; para mi sorpresa, no hay amontonamiento ni retraso, al salir del subterráneo respiro el aire frío y siento la resolana que cubre mi cuerpo, voy de prisa, camino, me encuentro de frente con una torre latinoamericana majestuosa y coronada por un tierno y matutino haz solar, capturo una imagen y prosigo mi camino hasta el encuentro con los amigos en un popular restaurante en la calle 5 de mayo. Los recuerdos me invaden: mi ceremonia de titulación, las veces que recorrí la misma calle con Teté, las juntas de trabajo en la Suprema Corte de Justicia, mi ceremonia de titulación y la cena en el Bar La Ópera justo a un lado del punto de reunión para celebrar la amistad, el compañerismo, la autobiografía y el gusto de volvernos a encontrar. Porque el verdadero punto de inicio es cuando se confirma la existencia y se respira un nuevo aire, como el recién nacido que aprende a respirar sin el cordón umbilical. Ese cordón, esa conexión con un cuerpo que no es el propio y que nos provee de vida durante nueve meses y que, representa nuestra zona segura hasta el momento de nacer a una nueva vida.
Comparto el desayuno con mis amigos, platicamos experiencias, hacemos planes para seguir difundiendo la labor autobiográfica, escuchamos el sentir y el pensar de cada uno, reflexionamos sobre la falta de comunidad e identidad entre vecinos, sobre lo que se ha llevado la vida acelerada y productiva de hoy. Reímos, platicamos, nos tomamos una fotografía del recuerdo y salimos con el corazón contento por el reencuentro y por lo que nos espera en este nuevo año.
Regreso a casa en transporte público, lo cual me permite profundizar en la reflexión: ¿Propósitos, campanadas, uvas, fuegos pirotécnicos y buenos deseos? En realidad, ¿Ese es el punto de partida para afirmar que iniciamos un año nuevo, vida nueva? O, quizá se trata de un simple acto protocolario, de un mero formalismo que los humanos usamos para sentir que controlamos el tiempo o ¿Es la forma en que le damos sentido a nuestra existencia?
Como quiera que sea y cualquiera que sea el significado personal, este blog le da la bienvenida al 2026 con esta primera entrada y con el propósito de seguir siendo foro de expresión y de encuentro desde el sentir femenino de la madre soltera que intenta equilibrar su etapa de pre menopausia con la etapa pre adolescente de su hijo y además, escribir .
Somos Nantli: Narrar, Visibilizar, Transformar.
Por: Elizabeth Cruz – Comunicóloga, Escritora y Editora de «Patolli»


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